Un dolor abdominal sin mayores señales de alarma llevó a un hombre de 35 años a descubrir un cuadro poco común de trombosis venosa en la vena epigástrica, con extensión hacia la vena escrotal. El caso, publicado por investigadores colombianos en la Revista Peruana de Ciencias de la Salud, subraya la importancia de considerar esta patología en los diagnósticos diferenciales cuando hay síntomas genitourinarios atípicos.
El paciente, sin antecedentes médicos relevantes, acudió al hospital por molestias en la parte baja del abdomen que se extendían a la zona inguinal. Al no encontrar causas claras en los exámenes iniciales, los médicos optaron por realizar una ecografía Doppler. Fue entonces cuando detectaron la presencia de un coágulo sanguíneo en la vena epigástrica, que ya había comprometido también la vena escrotal.

De inmediato se inició tratamiento con anticoagulantes, comenzando con warfarina y luego ajustando la medicación tras detectar alteraciones hepáticas posiblemente relacionadas con el fármaco. En el seguimiento, el paciente mostró mejoría significativa y pudo continuar su recuperación en casa bajo control ambulatorio.
Un hallazgo relevante en este caso fue la presencia de anticoagulante lúpico en niveles elevados, un marcador que puede aumentar el riesgo de trombosis. Este tipo de trastorno, asociado con enfermedades autoinmunes, suele pasar desapercibido si no se realizan pruebas específicas.
Los autores del estudio —Wilmer Rivero Rodríguez, Silvia Delgado Caballero, Gianmarco Camelo Pardo, Sebastián Pinzón Vargas y Nancy Karol Julieth Bueno Prato— destacan que la trombosis venosa no siempre se presenta en las formas más conocidas, como en las piernas. Puede afectar otras venas del cuerpo y manifestarse con síntomas inespecíficos como el dolor abdominal o genital, dificultando su detección.
La enfermedad tromboembólica venosa es la tercera causa de muerte por problemas cardiovasculares en el mundo. Este caso resalta la necesidad de atención médica inmediata y el uso de herramientas diagnósticas precisas, como el ultrasonido Doppler, para evitar consecuencias graves o incluso fatales.
En conclusión, una molestia que parecía menor terminó por revelar una condición seria. Este caso clínico invita a los profesionales de la salud a mantener una visión amplia y a considerar diagnósticos poco comunes, especialmente cuando los síntomas no siguen un patrón clásico. El tratamiento oportuno y la correcta interpretación de los exámenes marcaron la diferencia en la recuperación del paciente.
Para mayor información revise el artículo de investigación a través del siguiente enlace:
https://revistas.udh.edu.pe/index.php/RPCS/article/view/378
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