El principio básico de la atención sanitaria es “lo primero es no hacer daño”. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pone énfasis en la necesidad de centralizar la seguridad del paciente (SP), ya que a nivel mundial cerca del 10 % de las atenciones resultan con daños, llegando a fallecer por año 3 millones de pacientes a consecuencia de ello. La mitad de estos perjuicios son totalmente prevenibles y, además, evitarlos, sería una fuente generadora de ahorros.

La SP se basa en prevenir sobre prácticas no seguras en la atención sanitaria, a través de una mejora continua que consiga evitar los eventos adversos (EA). Estas parten de una cultura de seguridad de la organización, teniendo un enfoque más sistémico; lo que involucra a todos los niveles jerárquicos. Esto dependerá incluso del personal sanitario y no sanitario. A nivel internacional, en el año 2022, el 10 % de pacientes hospitalarios presentaban EA, conociéndose además que el 50 % de los casos pudo evitarse. En Perú, los EA evidenciados son elevados. En los años 2016 y 2018, estudios para la evaluación de la cultura de la SP en hospitales peruanos mostraron resultados desmoralizadores. Por todo lo expuesto, esta investigación realizada por Verónica Mercedes Suárez y Julio Luciano Gonzales León, se realizó con el objetivo de analizar la cultura de seguridad en tres servicios de hospitalización de un hospital público en Perú.
Se trata de un estudio descriptivo y transversal, con enfoque cuantitativo, realizado en profesionales de la salud de los servicios de hospitalización de gineco-obstetricia, cirugía y medicina interna del Hospital de Lima Este Vitarte. El estudio fue desarrollado entre los meses de enero, febrero y marzo del 2024. La población estuvo conformada por 120 profesionales de salud que cumplieron los criterios de inclusión y exclusión (internos, personal técnico, profesionales con algún tipo de licencia).
La técnica empleada fue la encuesta y el instrumento que se utilizó fue el cuestionario. Los participantes en el servicio de gineco-obstetricia fueron: enfermeras (9,1 %), obstetras (60,6 %), ginecólogos (9,1 %), médicos residentes (15,2 %) y nutricionistas (6,1 %); en servicio medicina fueron: enfermeras (51,7 %), médicos internistas (22,6 %), médicos residentes (12,9 %) y nutricionistas (12,9 %); y en el servicio de cirugía fueron: enfermeras (75,8 %), cirujanos generales (10,3 %), médicos residentes (10,3 %) y nutricionista (3,4 %).En el servicio de gineco-obstetricia, el 57,6 % de los participantes encontraba que la “cultura de seguridad” era de “buena” a “excelente”; como también en medicina interna (87,1 %) y en cirugía (2,4 %). Por su parte, la “cultura de seguridad” era “regular” en el 30,3 % en gineco-obstetricia, 12,9 % en medicina interna y 27,6 % en cirugía. Y como “cultura de seguridad” era “mala” en el 12,1 % en el servicio de gineco-obstetricia, 0 % en medicina interna y 0 % en cirugía. Para el ítem sobre el número de EA reportados en los 12 últimos meses, gineco-obstetricia manifestó que el 60,6 % no reportó ningún EA y que el 39,4 % reportó alguno. En medicina interna, el 19,4 % mencionaron no haber reportado ningún EA, mientras que el 80,6 % reportó uno alguna vez; así mismo, en cirugía el 51 % indicó que no advirtieron ningún EA, mientras que el 48,3 % manifestó que sí reportó al menos uno.
En los años 2016 y 2018, solo el 26 % del personal de salud creía que la SP en su institución era excelente o muy buena, y colocaba a Perú en los últimos países de la región. En contraste, en este estudio se encuentra que las cifras difieren prácticamente al doble. Luego de 6 años la percepción parecería haber mejorado. Sin embargo, el 80 % de los profesionales del servicio de medicina Interna reporta EA, mientras que los servicios de gineco -obstetricia y cirugía refieren más del 50 % no haber reportado ningún EA. En la práctica clínica es común encontrar EA como la flebitis, y aunque puedan parecer simples resultan importantes en el cuidado.
Es posible entonces que una proporción significativa no esté reportando EA por diferentes razones. En el conjunto de la literatura disponible sobre SP en América Latina destaca Brasil, con una mayor cantidad de estudios. Usualmente se estudia a nivel hospitalario, olvidando los diferentes niveles de servicios hospitalarios. (21) Durante este estudio, Cirugía y Medicina Interna mostraron similitudes significativas en su cultura de seguridad; sin embargo, el segundo resaltó considerablemente a nivel general. La prueba de U de Mann-Whitney realizada en este estudio para la evaluación de diferencias entre los servicios indica para medicina interna y gineco obstetricia, que la primera obtiene mejores resultados con diferencias estadísticamente significativas en todas las dimensiones de la seguridad del paciente evaluadas. Por otro lado, entre medicina interna y cirugía evidencia diferencia significativa solo en la dimensión de comunicación sobre los errores, con un p = 0,031, lo que indica que medicina interna también tiene un mejor desempeño en esta área. Sin embargo, en otras dimensiones no hay diferencias significativas, lo que sugiere que es superior en algunas áreas clave, pero no en todas. Sin embargo, los valores Z negativos y p menores a 0,05 refuerzan que la cultura de seguridad es más robusta en medicina interna. En contraste, gineco-obstetricia difirió significativamente con ambos en dimensiones clave. Por ejemplo, “trabajo en equipo” mostró una baja proporción de respuestas positivas en comparación con estudios anteriores en una maternidad pública en Brasil (68 %).
En cuanto a las conclusiones, se observa diferencias notables entre los servicios de gineco-obstetricia, medicina interna y cirugía en diversas dimensiones relacionadas con la SP. Estas diferencias son estadísticamente significativas en áreas como trabajo en equipo, respuesta a los errores, apoyo de supervisores, comunicación y receptividad, así como en la capacidad de informar eventos relacionados con la SP. Se concluye que el servicio de medicina interna cuenta con una cultura de seguridad más robusta. Además, se concluye que tener una mejor cultura de seguridad no necesariamente implica que todas las dimensiones sean fortalezas. Se evidencia también a nivel global el “trabajo en equipo” como una fortaleza (75 %) en medicina. Como oportunidades de mejora, se destacan dimensiones específicas en cada servicio, como el aprendizaje organizativo (52 %) y la comunicación acerca de errores (52 %) en gineco-obstetricia, o la presión y ritmo de trabajo en cirugía.
Mayor información de este artículo de investigación, ingresar en el siguiente enlace.
http://revistas.udh.edu.pe/index.php/RPCS/article/view/620/1136
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