NIVELES DE ESTRÉS, DEPRESIÓN Y FUNCIONALIDAD FAMILIAR EN EL PERSONAL DE SALUD DE UN HOSPITAL DURANTE LA PANDEMIA POR COVID-19

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En enero del 2020, la OMS declaró una pandemia a nivel mundial por el virus SARS-CoV-2. Estudios recientes evidencian el impacto psicológico que trajo para la humanidad. En España los indicadores de depresión, ansiedad y estrés fueron significativos. Por otro lado, los estudios muestran que la incertidumbre frente a esta enfermedad, el aislamiento y el distanciamiento social pueden agravar la salud mental de las personas. Según la OMS, la depresión provoca tristeza, irritabilidad, pérdida del disfrute en actividades que antes parecían placenteras.  Afecta al 3,8 % de la población y, en el caso extremo, puede llevar al suicidio 

En cuanto al estrés, considerado como una reacción ante las exigencias del contexto que ponen a prueba la capacidad del individuo para afrontar dichas demandas, se encuentra que aumenta en el personal de salud por las condiciones salariales, horarios y ambiente laboral.   El personal femenino es más susceptible a padecerlo. Puede ser el inicio de una fase adaptativa ante situaciones de crisis emocional.  

En base a lo anterior, el objetivo de este estudio de los investigadores Gabriela Vanegas, Sergio Moreno, Juan Lozano, Esmeralda Martínez, Víctor Prado Delgado, Edgar Pulido, fue describir los niveles de estrés, depresión y funcionalidad familiar en el personal de salud del Hospital Militar Central en Bogotá (Colombia), y explorar posibles factores asociados a estas condiciones. Se realizó entre el 4 de mayo de 2020 y el 25 de junio de 2021.  Participó el grupo de trabajadores del Hospital Militar Central de la ciudad de Bogotá. La muestra se obtuvo con base en un muestreo probabilístico, basado en un muestreo aleatorio simple, por medio de un método coordinado negativo, seleccionando los individuos que cumplieran con los criterios de elegibilidad. El estudio se realizó en colaboración entre investigadores del   Hospital   Militar   Central   y   de   la   Universidad   Antonio Nariño incluyó un total de 229 individuos, 156 fueron mujeres. 

Los niveles de estrés, según la frecuencia encontrada, que la población de estudio reportó, son “bajo” y “muy bajo” en un 37,12 %; en mayor medida, casi la mitad de la población de estudio tuvo niveles “altos” y “muy altos” de estrés 49,78 %. En funcionalidad familiar se observó algún nivel de disfuncionalidad, un 38,42 %, y una mayor frecuencia de participantes reportaron una funcionalidad familiar normal 61,57 %. Respecto al estado de depresión en los participantes, sobresalió el nivel normal 91,27 %. Con respecto al modelo de factores asociados al estrés, se encontró que las mujeres eran las más propensas a presentar algún grado de estrés. Con respecto al modelo de factores asociados a la presencia de síntomas depresivos se encontró que las mujeres eran más propensas a presentar algún grado de estos síntomas. Con respecto al modelo de factores asociados a la presencia de disfuncionalidad familiar, se encontró que el estrato socioeconómico y el número de personas a cargo presentaron OR “altos”. 

Es llamativo que en los participantes en general se encontraron altos niveles de estrés mas no de depresión. Un   estudio   realizado   por   Paris   y   Omar, con profesionales de la salud, señala que estrategias como el apoyo social, el distanciamiento de las fuentes de estrés a través de actividades de ocio, la resolución de problemas y el trabajo en equipo favorecen el manejo adaptativo de las cargas y tensiones laborales propias de la profesión. Este mismo artículo señala que dentro de los equipos de salud, los enfermeros y el personal masculino tienden a utilizar este tipo de estrategias con mayor frecuencia que los médicos y el personal femenino, lo que ratifica a este último grupo como vulnerable ante situaciones tensionantes a nivel emocional. 

En este orden de ideas, es importante entonces buscar espacios de promoción de la salud mental con el personal médico, que eviten la escalada de los síntomas psicológicos iniciales del estrés hacia síntomas patológicos con repercusiones más serias a nivel de la calidad de vida. Varios estudios coinciden que esto se puede hacer a través de espacios de descanso, acompañamiento psicológico, mejora   de   apoyo   social, provisión   de   elementos de bioseguridad para el cuidado personal de salud que faciliten la labor del tratamiento de la pandemia, identificación temprana de problemas psicológicos en el personal que trabaja en salud, capacitación profesional sobre la intervención del COVID-19.

Para mayor información de este artículo de investigación en el siguiente enlace.

http://revistas.udh.edu.pe/index.php/RPCS/article/view/385e/517

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